El amor en los tiempos del Covid-19

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La incertidumbre ha llegado a nuestra vida como un huracán, derribándolo todo, obligándonos a adaptarnos a un mundo distinto, un mundo extraño, un mundo nuevo. El aislamiento es la mejor manera de contener este virus que se ha expandido por la tierra y esta necesidad de cobijarnos en el calor de nuestro propio hogar, nos da miedo, está lleno de temores por estar separados de quienes amamos, por no poder abrazar, por no poder besar.

Y es que el amor ha tenido que adaptarse a esta nueva etapa, mucho menos física y por ello mismo, mucho más emocional y profunda. El amor en los tiempos del Covid-19 se ha transformado, se ha vuelto invisible pero más poderoso. El amor en estos tiempos turbulentos ha venido acompañado de muchas otras emociones que habíamos olvidado: la compasión, la gratitud, la bondad, el altruismo.

El amor ha mutado, se ha convertido en más profundo, más significativo, más amplio. Ya no se limita a nuestros seres queridos y amigos, ahora nuestro amor se extiende a toda la humanidad, a quienes estamos recluidos, a quienes atienden con todo el amor de su corazón a los enfermos, a aquellos que sostienen la mano de quien expira su último aliento, haciendo más sencilla su partida de este mundo. Nuestro amor está también en el aislamiento que estamos cumpliendo, pues nos cobijamos en casa para no contagiar a otros, para aliviar la carga de todos aquellos que trabajan en los hospitales, arriesgándose por todos, porque no entienden una mejor manera de cuidar que esa.

El amor en los tiempos del Covid-19 ha humanizado las redes sociales y los mensajes enviados por el móvil, las videoconferencias nos unen en la distancia, las palabras cobran un sentido más bondadoso y amable. Todos podemos hacer que esta crisis sea más compasiva, altruista y bondadosa. Depende solo de nosotros buscar la esperanza en el día a día, se encuentra en el sol que sentimos sobre nuestra piel, en el suave viento que roza nuestra cara, está también en el alegre canto de los pájaros, que nos avisa del cambio de estación, que nos hace fluir con su amoroso sonido, la esperanza también se cobija en el silencio casi mágico que invade nuestras ciudades, viviéndolas desde la calma, desde la paz, desde el amor.

La esperanza también la vemos reflejada en las flores y plantas, que poco a poco nos muestran el ciclo de la vida, la vitalidad que guardan en su interior, como nosotros.

Estos son momentos de amor, de amar, a uno mismo, a los demás, a la humanidad en su conjunto. Para potenciar este sentimiento en tu interior, comparto contigo algunas herramientas que te pueden ayudar, que te pueden guiar hacia la fuente de amor que hay en ti…

Gratitud diaria… Te propongo que introduzcas una nueva rutina en tu día a día, un ritual de gratitud diaria. Escoge un momento del día donde puedas contactar con tu esencia, un momento donde tu mente esté en calma, donde reine el silencio en tu hogar y en tu corazón. Puede ser al despertar, puede ser antes de dormir, puede ser tras meditar… tú decides. Una vez que hayas elegido el momento ideal para realizar el ritual, siéntate cómodamente y lleva tus dos manos al corazón, siente su latido implacable, el movimiento eterno de la vida que hay en ti… A continuación, cierra los ojos y deja que tu mente traiga hasta ti todas las cosas de las que disfrutas ahora y que hacen tu vida especial. Para que te sea más sencillo, voy a compartir contigo la fórmula de gratitud que suelo utilizar yo, pero te recomiendo que crees tu propio ritual, usa tus propias palabras, deja que tu corazón te guíe.

“Gracias universo porque puedo respirar, gracias por poder ver, gracias por poder acompañar a mi familia en este camino. Gracias universo por lo mucho que aprendo cada día, gracias por traer hasta mí las lecciones que he de aprender, gracias porque puedo conectar con mi cuerpo y escucharle, gracias por un día más de vida”

Otro ritual de gratitud cotidiana que muchos de nosotros realizamos, es el de salir a los balcones y ventanas cada tarde a las 20:00h para aplaudir el magnífico trabajo que están realizando todos aquellos que no pueden dejar de trabajar, que nos atienden y ayudan incluso en plena tormenta. Ese es un momento de pura gratitud, de puro amor.

Escribir una carta (o email) de amor… Amar en la distancia no siempre es fácil, reprimir las ganas de besar y abrazar a quienes queremos, puede ser vivido como una tortura, como el peor castigo. Yo creo que la ausencia de expresión física del amor, nos hace más ingeniosos, nos ayuda a comprender mejor lo que sentimos, sin interferencias, sin distracciones. Por ello creo que la ausencia de contacto físico es una buena razón para explorar lo que anida en nuestro corazón. En mi caso, la escritura siempre ha sido mi cobijo, el lugar donde iniciar mi búsqueda particular, contactando con mi esencia, con mi alma. Por ello te recomiendo que escribas una carta a quienes amas. Si viven contigo, escribe a mano esta misiva y déjala en un lugar donde él o ella pueda encontrarla. Si no viven contigo, envíales un email y te recomiendo el correo electrónico porque debe ser una carta profunda, que requiere una lectura calmada y no la lectura rápida que solemos hacer de las conversaciones de chat. No te reprimas, expresa todo el amor que hay en ti.

La habitación para respirar Thich Nhat Hanh, habla de crear un espacio al que acudir cuando las discusiones comienzan en el seno de la pareja o de la familia. La “habitación de respiración” es una habitación que nos llena de calma y a la que podemos acudir cuando sentimos que perdemos el contacto con nosotros mismos e iniciamos conflictos con quienes convivimos y a quienes queremos. Es una habitación a la que nos retiramos cuando necesitamos espacio para pensar y volver al presente, evitando así conflictos estériles que solo producen sufrimiento. Esta habitación no puede llenarse de ira o discusiones, es un espacio de paz (1).

Yo voy un poco más allá y os recomiendo el momento de la respiración, un momento donde uniros toda la familia para respirar desde vuestra calma, sintiendo vuestra conexión, sabiendo que estáis rodeados por personas que os quieren y a las que queréis. Si tenéis hijos, también deben unirse a vosotros, respirando en paz, respirando amor.