Regular nuestras emociones a través del cuerpo

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Un pilar esencial de nuestra salud mental, es el cuerpo. Sí, puede que te sorprenda que el cuerpo sea importante para nuestra salud emocional, pero debes saber que el cuerpo actúa como un espejo de todo lo que sentimos y pensamos, llegando a expresar por medio de dolores y molestias, las emociones que reprimimos, que rechazamos y no escuchamos.

En ocasiones el cuerpo emite un grito ensordecedor para que paremos, para que nos tomemos tiempo, para que descansemos antes de sentirnos tan exhaustos que la enfermedad llegue a nuestra vida y nos obligue a tomarnos ese tiempo que deberíamos habernos dedicado hace mucho.

Como verás, el cuerpo es profundamente sabio porque al principio nos avisa del malestar por medio de emociones y pensamientos, pero cuando no nos hacemos caso, es el cuerpo el que toma el control y materializa todo ese malestar que llevamos en nuestro interior.

La pandemia mundial que se ha desarrollado por la Covid-19, nos ha dado más tiempo, en ocasiones nos ha confrontado con nuestra ansiedad, tristeza o estrés, síntomas todos ellos de que algo no iba bien, de que teníamos que hacer cambios en nuestra vida para vivirla plenamente.

No desaproveches esta oportunidad que te ha brindado la vida y cada día contacta con tu cuerpo, obsérvalo y explora tu verdadero yo a través de él. Algunas cosas que puedes hacer para contactar con tu cuerpo, son:

  • Conciencia somática: Una manera de contactar con tu cuerpo, es por medio de un ejercicio muy sencillo de conciencia somática, lo que en meditación también es llamado escáner corporal o body-scan. Es una práctica muy sencilla que puedes realizar en cualquier momento del día, dedicándote diez minutos para tumbarte tranquilamente en la cama y hacer un repaso de tu cuerpo. A continuación te doy algunas pautas o instrucciones que puedes seguir para hacerte más consciente de tu cuerpo.

Comienza centrándote en tu respiración, calmada… lenta… observa el movimiento de tu cuerpo cuando tomas aire y cuando lo expulsas… siente la energía que toma tu cuerpo en cada inspiración y experimenta la relajación cuando espiras… Cuando sientas que eres consciente de tu cuerpo y tu mente está calmada, comienza a hacer un repaso de cada parte de tu cuerpo… Comienza por los pies… los tobillos… las pantorrillas… las rodillas… los muslos y cómo estos se unen al tronco de tu cuerpo a través de las ingles… al tiempo que recorres tu cuerpo, sigue conectado a tu respiración… Ahora continúa por tus caderas… la pelvis… el abdomen y su movimiento con cada inspiración y espiración… siente la parte media y baja de la espalda… hazte consciente también de tu pecho, del lugar exacto en que habita tu corazón y siente cómo late con calma… experimenta también la extensión de tu espalda, incluidos los hombros. Observa tus brazos en toda su extensión, especialmente sus extremos… los codos, las muñecas, la punta de los dedos… Llega el turno del cuello… siente toda su extensión y cómo sostiene tu cabeza… Por último, hazte consciente de tu rostro… de tus labios, de la punta de la nariz, de los párpados, de las cejas y el cuero cabelludo… Siéntete profundamente conectado a tu cuerpo, parte de ti y al mismo tiempo sabiendo que tú eres mucho más que tu cuerpo… 

  • Conversando con el dolor: Como ya te comenté antes, nuestro cuerpo es capaz de reflejar aquello que no integramos en nosotros o que rechazamos. Muchos dolores y molestias surgen como reflejo de esa sordera emocional que solemos tener. Hay una técnica muy sencilla que suelo aplicar en las terapias que realizo y que también practico conmigo misma cuando el dolor del lumbago llega hasta mí.

Cuando siento un dolor intenso en mi cuerpo y que suele ser habitual (en mi caso siempre se me ha recargado la parte baja de la espalda, la zona sacra), suelo salir al aire libre (en ocasiones con salir al balcón es suficiente) para sentir el sol en mi piel, para relajarme en mi propio cuerpo y en mi respiración y cuando me siento más calmada y siento que dejo de luchar con el dolor, cuando mi deseo de que desaparezca es menor, centro mi atención en esa zona dolorida y comienzo a tener una conversación con el dolor porque él forma parte de mí y debo comprenderlo para aceptarlo e integrarlo en mí.

Una vez que comienzo a conversar con él, hay días en que le pregunto por qué está ahí, por qué me acompaña, en ocasiones tan solo le digo que soy consciente de su presencia, de que quiere que me tome un tiempo libre, que abandone temporalmente mis responsabilidades para relajarme.

Las respuestas del dolor pueden llegarme por medio de pensamientos, un diálogo, imágenes o simplemente sabiendo lo que quiere comunicarme. Una vez que comprendo la razón de ser del dolor, suelo despedirme de él y le suelo dar las gracias por hacerme consciente de aquello que no podía ver ni escuchar de mí misma.

Sé que te puede parecer un ejercicio algo extraño, pero es muy eficaz. La próxima vez que sientas dolor, prueba a hablar con él y déjate llevar, no te juzgues ni critiques, tan solo dedícate tiempo y date amor.

  • Desarrollando tu cinestesia: Por último, quiero hablar de esta habilidad que poseemos los seres humanos para sentir los movimientos de nuestro cuerpo y el funcionamiento de los órganos internos (pulmones, corazón, intestino, etc.).

Solemos perdernos en nuestra mente, olvidando por completo a nuestro cuerpo porque es autónomo, porque lo hace todo solo. Para que puedas desarrollar esta percepción interna, puedes hacer algunas cosas:

  • Observa tu respiración, atiende a la manera en que tus pulmones y caja torácica se expanden cuando tomas aire y cómo se hunden cuando espiras. También puedes observar cómo el abdomen se infla cuando inspiras y cómo se desinfla cuando espiras. Si quieres practicar la respiración consciente, te puedes descargar esta meditación en este enlace.
  • Puedes observar el latido de tu corazón llevando una de tus manos al pecho o localizando el latido en tu muñeca.
  • También puedes observar tu digestión. Después de comer, puedes sentarte cómodamente o tumbarte y dedicar unos minutos a hacerte consciente a cómo funciona tu estómago, tal vez lo sientas lleno, tal vez sientas que tu corazón late un poco más rápido para llevar su sangre a esta zona de tu cuerpo, tal vez sientas sueño o una profunda relajación… simplemente observa…

Recuerda que tu cuerpo es el templo en el que habita tu alma, cuídalo, escúchalo y dedícale tiempo. Pero no olvides que tú eres mucho más que tu cuerpo, eres alguien único en todo el universo.