El delirium, un enemigo casi invisible

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Hasta una tercera parte de los adultos mayores que son hospitalizados presentan confusión mental al momento del ingreso o durante la hospitalización. Es más, entre un 10% y un 14% de los que se someten a cirugía general desarrollan delirium, que celebra hoy su Día Mundial.

Pero, ¿qué es exactamente este síndrome y en qué consiste?

El síndrome confusional agudo (SCA) es uno de los trastornos cognitivos más importantes en el anciano. Se trata de un cambio agudo de la función cerebral, que afecta principalmente a la atención y a la cognición. De hecho, es un deterioro global de las funciones cognitivas, depresión del nivel del de conciencia, trastornos de la atención e incremento o disminución de la actividad psicomotora.

El paciente, generalmente, se presenta con un estado de desorientación con fluctuaciones en su intensidad, generalmente, con empeoramiento en la noche. Además, tiende a tener una conducta anormal con hiperactividad, aunque en ocasiones ocurre lo contrario.

En muchas ocasiones, debe considerarse como un síntoma más que se produce en el trascurso de las numerosas patologías propias del anciano. Por ello, es muy frecuente verlo en personas de edad muy avanzada.

De hecho, es muy habitual verlo en personas de 75-80 años, por lo que este síndrome es un problema que está directamente relacionado con el envejecimiento de los tejidos cerebrales.

¿CUÁLES SON SUS CAUSAS?

El SCA se produce por múltiples causas organizas que manifiestan un cuadro clínico común. El envejecimiento normal implica una serie de cambios estructurales y metabólicos.

Las infecciones, la deshidratación, el dolor, el deterioro cognitivo previo, las intervenciones quirúrgicas, la movilidad, el uso de vías endovenosas, sondas u otros elementos invasivos, las contenciones físicas, así como algunos fármacos y los factores ambientales, (como ingreso en la UCI o estrés emocional) pueden ser algunas de las causas del delirium.

¿CUÁLES SON SUS SÍNTOMAS?

El delirium puede manifestarse de diferentes formas, si bien los síntomas más llamativos están relacionados con las alteraciones de la función cerebral, que implica un deterioro cognitivo.

De esta forma, entre sus síntomas se encuentra la desorientación espacio-temporal sin reconocer a familiares, ver o sentir cosas que no son reales, una mayor inquietud o agitación por la noche, mayor irritabilidad y desconfianza, pensamiento desorganizado y déficit de atención, entre otros.

La persona que sufre este síndrome no es consciente realmente de lo que ocurre, por lo que muestra una clara dificultad para prestar atención a su entorno.

Estas alteraciones fluctúan a lo largo del día, aunque hay momentos en los que son peores. Además, a estas se unen problemas con el sueño, alteraciones psicomotoras y emocionales.

El cuadro de delirium puede durar días, semanas, meses o incluso no llegar a desparecer, según la causa que lo desencadene. Además, está considerado como un factor de riesgo de sufrir una demencia. 

¿ES LO MISMO DEMENCIA QUE DELIRIUM?

Tanto la demencia como el delirium alteran la capacidad que tiene una persona de pensar con claridad y cuidar de sí misma. Además, comparten algunos síntomas similares, pero sus causas, su tratamiento y sus resultados son diferentes.

Por tanto, el delirium y la demencia pueden coexistir, pero no son lo mismo.

Esto se debe a que la demencia es un proceso gradual y progresivo y, en la mayoría de los casos, irreversible. Por su parte, el síndrome confusional agudo fluctúa en el tiempo y es reversible en días o semanas.

No obstante, sí hay que tener en cuenta que las personas con demencia tienen un mayor riesgo de desarrollar delirium

¿QUÉ SE PUEDE HACER PARA PREVENIRLO?

Para prevenir el delirium es muy importante que la persona con riesgo de padecerla esté acompañada la mayor parte del tiempo, o, al menos, las primeras 48 horas de su ingreso en el hospital.

Son necesarias medidas de prevención en forma de protocolos, dirigidos no solo al personal médico, sino también a los enfermeros, auxiliares, cuidados o familiares.

Por ejemplo, siempre que sea posible, hay que estimular la movilización de la persona. Si lleva gafas o audífonos usarlos también durante el ingreso.

Procurar que descanse por la noche y esté activo durante el día, reorientarlo siempre que tenga ocasión y asegurar que se come y bebe los líquidos y alimentos que necesita.